Notas de Prensa de la muerte de Florian Schneider

Muere Florian Schneider, co-fundador de Kraftwerk



Florian Schneider de Kraftwerk ha fallecido a los 73 años, como confirma Billboard después de unos momentos de confusión en los que habían rectificado la noticia tras ofrecerla citando en principio la fuente francesa Ouest-France.
Finalmente hay comunicado del aún miembro de Kraftwerk Ralf Hütter (el único original que queda), que ha confirmado “la muy triste noticia de que su amigo y compañero a lo largo de las décadas ha muerto tras un cáncer agresivo, cuando solo habían pasado unos días desde su 73º cumpleaños”, que fue el pasado 7 de abril. La marcha de Schneider de Kraftwerk a finales de 2008 fue dramática, pues su contribución fue seminal en muchos de los discos más importantes de la banda. Pasó de tocar la flauta -adulterada o no- con la que se había curtido en los primeros y más desconocidos álbumes de Kraftwerk, a la patente de Robovox, un sistema para cantar con efecto sintetizador en tiempo real.
Junto con Hütter y tras conocerse en una escuela de arte, el artista fue co-autor de gran parte de la discografía esencial de la banda, lo que incluye álbumes históricos como ‘Autobahn’ (1974), ‘Radio-Activity’ (1975) y ‘Trans-Europe Express’ (1977). Desde ‘The Man-Machine’ (1978), los créditos estarían más repartidos con Karl Bartos, a quien habían fichado para los directos en 1975 y que estaría en el grupo hasta 1991. Por la co-autoría de Florian en temas como ‘Radioactivität’, ‘Europe Endless’ y ‘The Robots’ y por la co-producción de los álbumes, es que Schneider es uno de los músicos más citados como influencia en la música electrónica, y por lo que Kraftwerk vienen a la mente como referencia prácticamente a diario. Entre quienes han lamentado su fallecimiento están Giorgio Moroder, Holly Herndon, la mano derecha de Radiohead Nigel Godrich, Future Islands o Nina Kraviz, como recopila P4K.
En 2008, Florian no quiso formar parte de la gira de reunión y la última vez que se vio a Schneider en un escenario fue en noviembre de 2006 en España, en concreto en Zaragoza. Está documentado en el vídeo bajo estas líneas. Hace unos años, cuando teníamos ocasión de hablar con Karl Bartos, esto nos decía sobre la marcha de Florian: “Florian ya no está y sólo queda un miembro original en la banda, quien está comisariando el catálogo. Es bueno para todo el mundo, porque sería terrible si mi antigua banda no interesase a nadie. Ahora van a actuar a lugares como la Tate Gallery y yo mientras voy a promocionar mi disco. Las cosas están bien tal y como están, cada uno por su lado. En este mundo tenemos que hacernos a la idea de que todo debe morir. Tú morirás, yo moriré, y una banda también muere. Es algo a lo que debemos acostumbrarnos, es algo que no podemos cambiar. Tarde o temprano tenemos que aceptarlo”.
Muere Florian Schneider, cofundador de Kraftwerk 


El hombre creó la máquina y, acto seguido, aparecieron Kraftwerkpara resetear el sistema e indicar a la música popular que por ahí, por la senda de los sintetizadores y los robots, de los cortocircuitos y el ensalmo sintético, también se podía avanzar. ¿Se podía? ¡Se debía! 
Muertos los Beatles, Ralf Hütter y Florian Schneider levantaron desde Düsseldorf un nuevo imperio electrónico. El segundo, desvinculado de la banda desde hace más de una década, ha fallecido a los 73 años víctima de un cáncer, según ha podido confirmar la corresponsal de ABC en Berlín, Rosalía Sánchez, de fuentes de la discográfica Sony. Según «The Guardian», el músico falleció la semana pasada y fue enterrado en una ceremonia privada, lo que concuerda con el perfil discreto que mantuvo durante los últimos años de su vida, dedicados a la síntesis vocal y a proyectos como «Stop Plastic Pollution», pieza que lanzó en 2015 junto a Dan Lacksman. 
Schneider, que fundó Kraftwerk junto a Hütter en 1970, llevaba más de una década desvinculando de la banda y se perdió, por voluntad propia, esa segunda o tercera juventud que llevó a los alemanes a actuar lo mismo en el Gran Teatre del Liceu que a pasear triunfales por la Tate Modern londinense, pero a esas alturas, bien entrado el siglo XXI, ya había hecho todo lo humana y robóticamente posible por fijar el kilómetro cero de la electrónica contemporánea.
Es más: todo lo que Kraftwerk hicieron desde mediados de los ochenta fue tiempo extra para una carrera grabada a fuego en los setenta gracias a discos como «Autobahn» (1974), «Radio-Activität» (1975) y, sobre todo, «Trans Europa Express» (1977). Una suerte de trilogía con la que los alemanes fueron modulando el tacto experimental y vanguardista de sus primeras grabaciones y acabaron abrazando el minimalismo electrónico con vistas al pop. Fue ahí, claro, donde el papel de Schneider, nacido en Düsseldorf en abril de 1947, fue esencial y determinante. Con los años llegaría la sublimación de los humanoides con «The Man Machine» (1978) o la emblemática sintonía del Tour de Francia de 1983, pero antes de eso la alianza Hütter-Schneider ya había dado sus mejores frutos. 
La relación, de hecho, ya venía de lejos: se conocieron a finales de los sesenta en el conservatorio de Düsseldorf y, en pleno auge del krautrock, formaron Organisation, efímera banda que les serviría de trampolín para crear Kraftwerk. El nombre elegido, «central eléctrica», no podía ser más acertado: a sus turbinas se acabaría conectado casi toda la electrónica de consumo del siglo XX (y parte del XXI) creando afluentes hacia el hip hop, el electro o el techno. 
«Nosotros tocamos las máquinas pero las máquinas también nos tocan a nosotros. Intentamos tratarlas como a compañeras para que intercambien energía con nosotros», les gustaba decir decir para explicar esa fascinación industria y maquinal que alimentó trabajos como «Computer World» (1981). La electrónica, añadía Schneider, fue la mejor manera de superar las limitaciones de los instrumentos que le llevaron al conservatorio (violín, guitarra y, sobre todo, flauta) y de expandir su mente. Los sintetizadores se encargaron del resto. 
Figura de culto a medida que avanzaban las décadas, Schneider sí que dejó ver (es un decir) en el histórico  concierto de Kraftwerk en el Sónar de 1998, pero tras participar en la grabación de la versión 2003 de «Tour de France», decidió apearse del grupo para dejar a Hütter al mando de una maquinaria de la nostalgia que este mismo año tenía que celebrar sus 50 años con una gira que el coronavirus ha dejado tocada de muerte. A Schneider, por lo menos, le queda saberse protagonista e inspirador de una canción de David Bowie e ideólogo de la electrónica elegante y satinada del cambio de siglo.
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Muere el músico Florian Schneider, cofundador de Kraftwerk, a los 73 años

El artista formó en 1970, junto con Ralf Hütter, la banda alemana que creó el pop electrónico


Florian Schneider, fundador y cerebro de Kraftwerk, ha muerto a los 73 años de un cáncer, según confirmó un representante del cuarteto en un breve comunicado. Schneider era descendiente de arquitectos. Lo habían sido su abuelo y su padre, Paul Schneider-Esleben, uno de los artífices de la reconstrucción de Alemania después de la II Guerra Mundial, reconocido con la Orden del mérito de la República Federal Alemana en 1968.
Ese mismo año Schneider empezaba a hacer música con su amigo Ralf Hütter. Ambos pertenecían a la primera generación nacida tras la guerra. Criado en Düsseldorf, que había quedado en la zona de ocupación británica, sus influencias culturales eran anglosajonas, pero a la hora de construir un sonido que pudieran reconocer como propio, esa generación de veinteañeros se encontraba sin referentes. Rechazaban tanto la música heredada de sus padres, que traía recuerdos del pasado nazi, como el rock estadounidense, que no dejaba de ser el país de uno de los ejércitos que habían bombardeado e invadido Alemania.
De esa búsqueda de algo propio nació el krautrock, etiqueta en principio despectiva creada por los medios británicos para definir lo que pasaba en la Alemania federal en los setenta. Can, Neu!, Faust, Popol Vuh, Cluster o Kraftwerk tenían poco que ver entre ellos excepto su afinidad con los movimientos estudiantiles de Mayo del 68 y sus influencias: la psicodelia, el jazz de vanguardia, la improvisación, el minimalismo, la música concreta o la incipiente electrónica.
Precisamente en esa última fue donde Schneider empezó a encontrar su propio lenguaje. Flautista, violinista y guitarrista, empezó a filtrar su travesera con procesados electrónicos. Efectos que ya se notaban en los primeros discos del grupo, Kraftwerk 1, de 1970 y Kraftwerk 2, de 1972. Para entonces Schneider y Hütter ya habían fundado su estudio de grabación en Düsseldorf, Kling Klang Studio, donde no solo ensayaban y grababan, también empezaban a crear los instrumentos necesarios para su visión de un pop robótico, sin sentimientos, como hecho por máquinas que celebraban a otras máquinas. Una revisión del futurismo de los años veinte. Lo llamaban industrielle volksmusik: “Música folk de las fábricas”
Con esas premisas crearon en 1974 Autobahn, un disco conceptual sobre ¡autopistas!. Ya habían reclutado al percusionista Wolfgang Flür, que había creado una básica batería electrónica, la antecesora de las cajas de ritmos. Por primera vez incluían voz, en alemán, por supuesto. Sorprendentemente entró en los discos más vendidos de Estados Unidos y Reino Unido. Y aunque la instrumentación electrónica se combinaba con otra convencional, Autobahn se considera el primer álbum popular de synthpop, electropop, tecnopop o como quiera que se denomine este mes al pop electrónico. Nacía la leyenda de Kraftwerk, para muchos una banda tan importante o más que los Beatles a la hora de entender la música popular. Los padres de un movimiento que desde entonces no dejaría de crecer. Y cuyas ramificaciones van más allá del pop. Resulta irónico que el frío sonido de un grupo que permanecía hierático sobre el escenario sea la base sobre la que se desarrolló la música electrónica de baile e incluso parte del hip-hop.
Convertidos en un cuarteto con la llegada de un segundo percusionista, Karl Bartos, publicarían en 1975 Radio-activity que confirmó su estatus de estrellas del pop. Después vendrían Trans-Europe Express (1977) y The Man-Machine(1978). Con este último mostraban la imagen a la que siempre se les une: camisa roja, corbata negra, pelo corto, rostros sin expresión... hombres máquina. El disco incluía su mayor éxito, The Model, una melancólica balada electrónica, que se adelantó tanto a su tiempo que no llegó al número uno de las listas británicas hasta 1982, en pleno apogeo de los primeros grupos que recogían abiertamente sus enseñanzas, OMD, Ultravox o Gary Numan.
Convertidos en un mito, empezaron a espaciar cada vez más sus lanzamientos, aunque no dejaron de girar. Su último disco, Tour de France Soundtracks, es de 2003. Schneider dejó Kratfwerk en 2008. Para entonces Flür había sido expulsado y Bartos tampoco seguía en la formación. Si hubo algún motivo concreto, no se explicó. Permaneció fuera de la vida pública desde entonces, con la excepción del lanzamiento de un único trabajo, Stop Plastic Pollution, en 2015. Nada más se sabía de él hasta su fallecimiento, que confirma que los hombres máquina tampoco son eternos.
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Muere Florian Schneider, cofundador de Kraftwerk e icono de la música electrónica


El músico Florian Schneider, fundador de Kraftwerk, ha fallecido a los 73 años, según informó ayer la discográfica Sony Berlin. El músico y artista alemán está considerado un pionero de la música electrónica y creó, junto a Ralf Hütter a finales de los sesenta, una de las bandas que fueron inspiración para varias generaciones de artistas y aficionados.

Según informaciones confirmadas también por el rotativo británico The Guardian, el músico alemán habría fallecido ya hace una semana a causa de un cáncer y enterrado en una ceremonia íntima.

Su influencia y la de su obra fue tal que como precursores del llamado krautrock dieron forma a un sonido vehiculizado por teclados electrónicos que devino el cimiento del tecno, la electrónica, la música industrial y también el hip hop, el house, el trance y el dance.


El músico nació el 7 de abril de 1947 en Düsseldorf y era hijo del conocido arquitecto Paul Schneider-Esbelen, responsable entre otras obras del aeropuerto de Colonia. Durante su etapa como estudiante en su ciudad natal formó parte de diferentes bandas musicales, comenzando por una denominada Pissoff. Moviéndose en la escena roquera experimental y de miras amplias, Schneider fundó el grupo Organisation junto a Ralf Hütter, su colega con el que daría luz en 1970 a los emblemáticos Kraftwerk.
En aquella época el músico se defendía con la flauta, el violín y la guitarra, a menudo procesados electrónicamente, y progresivamente su interés por la música electrónica fue creciendo. Como dijo posteriormente mirando atrás, “descubrí que la flauta era demasiado limitada; pronto me compré un micrófono, luego unos altavoces, luego un aparato para hacer eco y finalmente un sintetizador. Solo al cabo de mucho me desprendí de la flauta; aquello fue un proceso”.





Después de firmar tres álbumes junto a Hütter a mediados del decenio de los setenta, Kraftwerk saltó de liga al publicar el disco Autobahn, convirtiéndose en cuarteto. Compuesto prácticamente de arriba a bajo con sintetizadores, y gracias también a un sonido inconfundiblemente original y a unas letras muy bien resueltas, el álbum fue todo un éxito, subiendo muy arriba en los hit parades de Estados Unidos y Gran Bretaña.
A partir de ese momento, Kraftwerk afianzó su influencia en la música pop al publicar cuatro álbumes que se convirtieron en referencias no solo del género sino de la música electrónica, acercándola a un amplio público: Radio-Activity (1975), Trans- Europe Express (1977), The Man-Machine (1978) y Computer world (1981).


L a influencia de la banda fue enorme prácticamente desde el primer momento. Además de ser uno de los padres más determinantes del synthpop que a partir de 1980 se convertiría en uno de los géneros más populares de la escena pop, algunas de sus piezas fueron pioneras, como la que daba nombre a Trans-Europe Express y que fue sampleada por Afrika Bambaataa convirtiéndola en uno de los primeros hits de hip hop. Sin olvidar, la influencia en artistas como Iggy Pop David Bowie durante la etapa berlinesa de éstos, hasta el punto que la canción V-2 Schneider que aparece en el álbum Heroes de Bowie se dice que está dedicada al músico alemán.

El cofundador del grupo participó en todos los álbumes de estudio, y después del último de ellos hasta la fecha, las bandas sonoras del Tour de Francia aparecido en 2003, y un regreso a una gira, Schneider dejó Kraftwerk en 2008. Nunca se dio una razón de esa marcha, y él nunca incidió públicamente en la cuestión.

La muerte de Schneider –que en 2015 publicó la pieza Stop plastic pollution , junto a productor Dan Lacksman y con un claro y militante trasfondo conservacionista– motivó nada más conocerse infinidad de muestras de pesar y condolencia, como las de afamados colegas tipo Orchestral Manouvres in the Dark, Ultravox o Thomas Dolby, o la de la estrella tecno Nina Kravitz.


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Muere el cofundador de Kraftwerk Florian Schneider, pionero de la música electrónica


Florian Schneider ha fallecido a los 73 años de edad debido a un cáncer. Fue fundador de la mítica banda junto a Ralf Hütter

A mediados de este año 2020, el grupo alemán Kraftwerk tenía previsto celebrar sus 50 años en el mundo de la música con una nueva gira mundial que, principalmente, iba a recorrer Estados Unidos. Como venían haciendo en los últimos años, tocarían sus grandes éxitos, algunos de los temas que forjaron la leyenda de la música electrónica entendida como una emisión de ondas cargadas de futuro, como Die RoboterDas Model o Autobahn
Florian Schneider, como ya sabían los fans, no iba a participar en el tour porque se había desvinculado de los directos de Kraftwerk desde el año 2008, que había dejado en manos de su socio Ralf Hütter. Pero nunca dejó de ser parte integral del proyecto, aunque sólo fuera de manera emérita, consultiva y espiritual. De hecho, Kraftwerk, aunque se ha presentado siempre como un cuarteto, en realidad era cosa de dos, como en su disco de 1973: Ralf und Florian.
Florian Schneider ha fallecido a los 73 años, a causa de un cáncer del que sólo tenían conocimiento su familia y sus amigos más cercanos. Y con su muerte desaparece uno de los principales exponentes de la revolución electrónica que empezó a transformar los cimientos de la música popular a principios de los 70. 
Junto con Ralf Hütter, Florian fue uno de los discípulos avanzados de una manera de concebir la vanguardia musical en la República Federal Alemania tras el milagro económico que recuperó al país tras la crisis al final de la Segunda Guerra Mundial: interesados simultáneamente por los experimentos de síntesis de sonido de compositores como Karlheinz Stockhausen y por la psicodelia rock, Kraftwerk apareció en 1970, en la ciudad de Düsseldorf, como uno de los grupos importantes de aquella ola del rock experimental alemán -el krautrock- que sorprendió al mundo por su trabajo singular de los ritmos y las texturas, lejos de las convenciones anglosajonas.
Pero en 1974 aconteció un hecho clave: Ralf y Florian decidieron trabajar exclusivamente con equipo electrónico. Empezaron a incorporar a su estudio -el enigmático Kling Klang, que siempre ha sido un misterio en Düsseldorf que poca gente sabe ubicar en el callejero- toda suerte de sintetizadores, osciladores, máquinas de eco, percusión electrónica y secuenciadores, abandonando los instrumentos convencionales -de la flauta a la guitarra- que utilizaban en sus tres primeros discos. A partir de Autobahn, y con la ayuda de dos músicos más, Karl Bartos y Wolfgang Flür, se concentraron en las texturas, en las melodías y en los recursos electrónicos. 
Con ellos nació el pop electrónico moderno con un single de más de 20 minutos de duración tan adictivo como hipnótico, que celebraba la majestuosidad rectilínea de las autopistas alemanas.
Desde entonces, la huella de Kraftwerk fue inevitable y altamente influyente en el desarrollo de la música moderna. Su influencia se empezó a propagar por todos los géneros imaginables -del hip hop que nacía en Nueva York a la primera ola del pop electrónico inglés, y más tarde a corrientes como la música disco, la música industrial y el techno-, y a partir de una chispa inicial, casi de alcance prometeico, imaginaron un futuro posible para la música de masas que, sobre todo a finales de los años 80, se convirtió en incendio. 
La extraordinaria progresión creativa de la música electrónica experimental y de baile a partir de 1990 se puede vincular siempre a la obra de Kraftwerk: son el punto de partida para la posterior digitalización de la música, y el primer grupo que proyectó de manera convencida la fe en la máquina como herramienta de creación de arte de masas. También fueron capaces de proponer una nueva expresión de la cultura popular alemana arraigada en los años 20 y la República de Weimar, y desvinculada de cualquier influencia del programa cultural del nazismo. Con ellos y bandas coetáneas como Neu!, Can o Faust, Alemania volvía a ser parte de Europa y del mundo.
El ciclo de álbumes de Kraftwerk, desde Autobahn (1974) aComputer World (1981), es uno de los principales prodigios de la música moderna. Cada disco estaba dedicado a una expresión del progreso humano -las telecomunicaciones, la automoción, la computerización, el ferrocarril, la robótica-, incorporaban profundas ideas derivadas de la cibernética, el ecologismo o la crítica a los medios de comunicación, y además con formato pop. Sus melodías eran precisas y memorables, sus ritmos firmes y mecánicos, origen de mucha de la música de baile posterior.
En términos de civilización occidental, su música fue una heroicidad que le puso sonido a la revolución tecnológicade finales del siglo XX. Sin ellos, no pudo darse el siguiente paso, de Giorgio Moroder a Depeche Mode, o de New Order al techno de Detroit.
A partir de 1983, con la publicación del maxi Tour de France, Kraftwerk entró en una fase de declive creativo: su influencia les había alcanzado, y aparecían artistas jóvenes en todo el mundo con ideas más frescas. El disco Electric Café (1986) es el más flojo de su discografía, y hasta 2004, cuando apareció el precioso pero algo anticuado Tour de France Soundtracks (un homenaje a la bicicleta), sólo publicaron un recopilatorio de remezclas, The Mix (1991) y un single de encargo comisionado por la exposición universal de 2000 que se celebró en Hannover. 
Desde 2004, nada nuevo, salvo recopilatorios, cajas retrospectivas y giras espectaculares en las que han experimentado con formatos visuales como el entorno 3D y o la mecanización de la puesta en escena. Solían terminar con el número final en el que sus robots sustitutos, sus réplicas mecanizadas, ocupaban el escenario.
Aunque Florian Schneider llevaba más de 10 años sin ser parte central del proyecto activo de Kraftwerk, fue su energía -junto con la de Hütter- la que propició este otro milagro alemánque ha cambiado el mundo de la música moderna. Si miramos a nuestro alrededor, prácticamente todo es electrónico, aquel futuro imaginado en los 70 nos alcanzó finalmente. Alguien tuvo que empezarlo, y casi todo empezó en un lugar escondido de Düsseldorf. Ha muerto un hombre, pero lo más importante es que se ha apagado un genio de nuestra era.

MUERE FLORIAN SCHNEIDER, GLORIOSA MITAD DE KRAFTWERK



La muerte de uno de los grandes pioneros de la electrónica. Florian Schneider, cofundador de Kraftwerk ha fallecido hoy a los 73 años a causa de un cáncer del que sólo tenían conocimiento su familia y sus más allegados amigos.

En abril celebrábamos el aniversario de la mitad histórica de Krafwerk, que se disponían proximamente a celebrar sin él, hace años fuera del grupo, su 50 aniversario. Ahora nos llega esta triste noticia. Schneider creó con Ralf Hütter una de las aventuras más fascinantes de la música moderna.
La trascendencia de lo hecho por Ralf y Florian es inmensa y duradera, fueron uno de los principales motores del incipiente tecno a principios de los años 70. Ohmio dulce Ohmio. Descanse en paz.
El flautista, teclista y cantante nació en 1947  en Öhningen, Alemania. En compañía de Hütter dio vida a esa Central Eléctrica que se convirtió en faro del futuro tecno pop. Consiguieron crear un lenguaje musical propio que les convirtió en los Beatles del electro pop.

Los orígenes de la mítica formación alemana son académicos, y los podemos encontrar en 1968 en la Academy of Arts de Remscheid, lugar en el que se conocieron, y el Robert Schumann Hochschule de Düsseldorf.
Primero crearon la interesante banda Organisation con elementos eléctrónicos, pero de sonido orgánico, con la que dejaron un único LP en 1970, «Tone Float», 

Ralf Hütter y Florian Schneider fundaron ese mismo 1970 Kraftwerk con el batería Klaus Dinger con quien sacaron el primer LP. el del cono rojo. A ellos se unió el guitarrista Michael Rother antes de abandonar la banda con Dinger para generar una de las bandas más recordadas del llamado krautrock Neu!
Los discos de los conos rojo y verde son más complejos, experimentales y progresivos, de temas más largos. Una nueva música estaba naciendo en Alemania, aunque en paralelo otros grupos como Silver Apples en Estados Unidos o White Noise en Inglaterra trabajaban en una dirección similar.

Aunque en los años setenta el gran grupo popular de la electrónica alemana fue Tangerine Dream – más progresivos y espaciales, más de la época- los adelantados Kraftwerk fueron consiguiendo paulatinamente el reconocimiento internacional por sus revolucionarios paisajes sonoros electrónicos y su experimentación musical con robótica y sintetizadores.
Como dijo en alguna ocasión Iggy Pop, la evolución posterior de Kraftwerk consistió en quitar elementos, no en añadir, en reducir su música al mínimo, hacerla más sencilla y accesible al gran público. Eso comenzó a suceder en el legendario «Autobahn», el primero de sus discos conceptuales dedicado a las autopistas, luego llegaría la radio («Radioactivity»), los trenes, los robots y las computadoras.
Fascinante el mundo de Kraftwerk y no carente de emoción como algunos han dicho, sólo que se trata de otra emoción distinta a la del rock. En cualquier caso, en temas como «Kometenmelodie 2» desmostraban que podían rockear o surfear como si fueran los Beach Boys de Düsseldorf.
Schneider y Hütter, en compañía de Karl Bartos y Wolfgang Flür, se convirtieron en los mesías del naciente tecno pop gracias a LPs como «Trans Europe Express», probablemente su mejor disco, o «The Man Machine», y en una de las bandas más influyentes de los años setenta en los ochenta.
No eran ajenos a lo que pasaba en el mundo del pop y rock anglosajones y para la portada de «Express» decidieron sustituir una foto original en color por otra en blanco y negro tras ver el primer LP de Ramones. En la portada posaban como decadentes maniquíes nazis.
David Bowie quiso colaborar con ellos a mitad de los 70, pero los herméticos alemanes estaban inmersos en la construcción de sus estudios Kling Klang y rechazaron su oferta. También rechazaron ser sus teloneros en la gira de «Station to Station».
A nivel de marketing y promoción sin duda les hubiera venido muy bien, en el plano musical no le necesitaban. A pesar de todo, Bowie le dedicó a Florian «V-2 Schneider» en su LP «Heroes» de 1977.
Kraftwerk ha sido una entidad creativa, disciplinada y autosuficiente, en absoluto desprovista de sentido del humor y cuyas composiciones han tenido a posteriori una gran influencia en toda una serie de géneros musicales, del electro al hip-hop, del techno al synthpop.
Florian permaneció en el grupo con Ralf Hütter durante décadas, sin embargo el 4 de enero de 2009 anunció a través de un comunicado oficial que dejaba el grupo.
​ Las razones que adujo fueron el cansancio que le generaba la dinámica del grupo entonces, en concreto las giras y conciertos promocionales, y su necesidad de desarrollar otros proyectos personales.
Eternos Kraftwerk. Hasta siempre, Florian.


Muere Florian Schneider, fundador de Kraftwerk, a los setenta y tres años

Ha fallecido uno de los músicos más imprescindibles e influyentes de la historia de la música electrónica, Florian Schneider, miembro fundador de Kraftwerk. Es el primer músico por la izquierda en la fotografía que acompaña a esta noticia.

Ha sido la propia familia del artista quien ha informado a los medios, aunque no se ha dado a conocer la causa exacta de su muerte.
Ralf Hütter y Florian Schneider fundaron Kraftwerk en 1969. Desde aquel año fueron innovando y revolucionando la música alemana hasta convertirse en uno de los grandes referentes de la música electrónica de todos los tiempos.
La historia de la música moderna no se entendería sin discos como “Autobahn” (1974), “Radio-Activity” (1975), “Trans Europe Express” (1977), “The Man-Machine” (1978), “Computer World” (1981), “Tour de France” (1983) o “Electric Cafe” (1986), e incluso sin unos primeros discos de Hutter y Schneider que, pese a tomar otros derroteros, ya dieron un vuelco de modernidad a la música germana primero y a la internacional a continuación. Estamos hablando de “Kraftwerk” (70), “Kraftwerk 2” (73) y “Ralf & Florian” (73). Antes de iniciar su trayectoria junto a Ralf Hütter, formó parte del grupo de rock progresivo Organization.
Kraftwerk han sido una gran influencia para artistas de lo más diverso, impactando con fuerza desde a la escena del Sheffield de los ochenta hasta a la escena rap (algunas de sus canciones han sido sampleadas infinidad de veces), pasando por infinidad de nombres del mundo del pop, el rock y, obviamente, la electrónica.
Schneider abandonó Kraftwerk hace unos años, concretamente en 2009, exhausto ya por los conciertos y las cada vez más frecuentes giras del cuarteto.
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En el adiós a Florian Schneider: el fundador de Kraftwerk que moldeó el sonido de la música actual

No existen demasiadas bandas cuya influencia haya sido tal que se pueda afirmar, de forma inequívoca, que la música habría sido diferente sin ellas. Kraftwerk, uno de cuyos fundadores fue Florian Schneider, que falleció el pasado 6 de mayo a la edad de 73 años, fue una de esas bandas. Kraftwerk dejó una marca indeleble en el sonido de la música popular al poner los instrumentos sintetizados en primera línea y hacer de las técnicas electrónicas un recurso mainstream.
Schneider se formó como flautista en el conservatorio de Düsseldorf, lo que podría parecer un trasfondo extraño para un músico cuya obra tuvo un papel tan destacado en la conformación del synth pop y de la música dance electrónica a partir de la década de los 80. Pero tanto él como su compañero de banda Ralf Hütter (que también fue alumno del conservatorio de Düsseldorf) personificaban un enfoque experimental con respecto a la composición; un enfoque que atravesaba diversos ámbitos musicales.
A pesar de que adoptaron este carácter vanguardista desde el principio, en sus primeros álbumes no se daban las improvisaciones posteriores en las que se mezclaban instrumentos electrónicos con otros tradicionales. Al igual que otras bandas alemanas de música electrónica entre las que cabría incluir a Can y a Neu!, ellos se encuadraban en el llamado “krautrock” (como lo apodaron los críticos ingleses) o “Kosmische Musik” (música cósmica, término usado por los músicos alemanes).
El primer gran éxito de Kraftwerk (palabra que significa central eléctrica) vino de la mano del lanzamiento en 1974 de su cuarto álbum, Autobahn. La canción homónima era una descripción musical de la modernidad que representaban los viajes largos por autopista en su Alemania natal. Rodeados por efectos de sonido de coches y cláxones, era posible encontrar en las letras ecos lejanos de las canciones de viaje de los Beach Boys o de Chuck Berry. El álbum se colocó en el top ten de éxitos en Alemania, Estados Unidos y Reino Unido. Se realizó además una versión para radio de la canción Autobahn (que en el álbum duraba 21 minutos), y que superó las expectativas al situarse en las listas de los singles más vendidos en Reino Unido, Estados Unidos, Australia y Países Bajos.
A pesar de que aún podían distinguirse algunos instrumentos acústicos, con Autobahn la composición de la banda se estabilizó en torno a Schneider, Hütter y los percusionistas Wolfgang Flür y Karl Bartos. Su sonido terminó cristalizando en algo preciso, evocador y humano, pero al mismo tiempo extraño, arrastrado por unos acordes rítmicos creados por instrumentos musicales customizados.

Influir a los influencers

Aunque los álbumes posteriores (entre los que estaban RadioactivityTrans-Europe Express y The Man Machine) tuvieron una trayectoria comercial notable (aunque no arrasadora), el verdadero impacto de Kraftwerk se cifraba no tanto en destacar en las listas de los más vendidos, sino en ensanchar los horizontes de la música popular y en mostrar las nuevas posibilidades que se abrían para las generaciones de creadores vanguardistas. Los álbumes grabados por David Bowie a finales de los 70 en Berlín tenían una gran deuda con Kraftwerk, al punto de que la canción V-2 Schneider, del disco Heroes, supuso una alusión directa al cofundador de la banda alemana.
Los instrumentos electrónicos sintetizados no eran nuevos, pero hasta entonces se habían considerado dominio exclusivo de músicos experimentales situados en los márgenes del circuito comercial, como la banda sonora de artistas pertenecientes a las periferias más minoritarias del BBC Radiophonic Workshop, o simplemente como una novedad. Así, hasta la llegada de Kraftwerk, su presencia en la música rock se toleraba, pero casi nunca recibía elogios ni ocupaba un lugar central.
I’m the operator: Florian Schneider en Ferrara (Italia) en 2005. Daniele Dalledonne via Wikimedia CommonsCC BY-SA
Schneider y Rütter mostraron el camino a esas variantes del pop que utilizaban la electrónica como fundamento esencial, y no solo como un acompañamiento, y de este modo facilitaron a lo largo de la década de los 80 la aparición de Gary Numan, Depeche Mode o The Human League.
Pero su influencia se extendió mucho más allá de su ámbito natural, las diversas formas del synth-pop. La precisión con que manejaban los cortes y la singularidad de su sonido les convirtió en fuente de inspiración perfecta para el sampleado, que estaba surgiendo con fuerza como modalidad de composición. Sus canciones Numbers y Trans-Europe Express tuvieron una influencia decisiva en el álbum Planet Rock, de Afrika Bambaataa, que está en el origen del hip-hop. En esta línea, el pionero del tecno Derrick May ha sido muy contundente en relación al papel de Kraftwerk en el nacimiento de este género. Él recordaba la popularidad de la banda entre los creadores del tecno en Detroit: “Hacían cosas que parecían venidas de otro planeta… Todo el mundo estaba enganchado a Kraftwerk”.

Enriquecer el vocabulario de sonidos del pop

Un factor determinante para entender su influencia, así como su propia obra, es que Kraftwerk operaba de forma tangencial con respecto al mundo del pop, como antes lo había hecho con respecto al mundo de la música clásica. Su puesta en escena robótica les permitía escabullirse del juego de la fama, y por otro lado, y conforme fueron pasando los años, el conjunto de la banda (y especialmente Schneider) se fue mostrando reticente a conceder entrevistas. El hecho de disponer de su propio estudio, el Kling Klang (que ellos llamaban su “jardín electrónico”), así como el control que ejercían sobre sus finanzas, les permitió disfrutar de autonomía estética. Como le dijeron a su biógrafo Pascal Bussy en 2004:
Hemos invertido en nuestras máquinas y tenemos suficiente dinero para vivir, así de simple. Podemos hacer lo que queramos, somos independientes, no hacemos anuncios de refrescos. Y aunque nos pudieran tentar con ese tipo de propuestas, jamás las aceptaríamos.
Su objetivo primero y principal era construir sonidos, para lo cual desplegaban un enfoque abierto a todo tipo de materiales y temas. “Componemos a partir de cualquier cosa”, le dijo Hütter al periodista Sylvain Gire. “Todo está permitido. No hay principio de trabajo, no hay sistema”. Su gran popularidad resultó ser un efecto colateral.

No deja de ser irónico que una banda solo puntualmente interesada por el pop acabara transformándolo por completo. Y es que, aunque la originalidad de su punto de vista aún no ha sido igualada, sus ecos resuenan a lo largo del pop, el rock y la música dance.
Lo que les hace singulares es que ellos no querían limitarse a encontrar su lugar combinando enfoques propios de distintos géneros. Querían descubrir caminos inexplorados y, de este modo, ensanchar los límites del vocabulario de sonidos de la música popular y demostrar su inagotable capacidad para incorporar nuevas ideas.
Este artículo fue publicado originalmente en inglés