Entrevista a Ralf Hütter - Die Zeit 20 Febrero 2026



 Z: Señor Hütter, usted nació el 20 de agosto de 1946. ¿Cuál es su primer recuerdo consciente?

RH: De niños recogíamos colillas en la cuneta para las pipas blancas de San Martín que venían con los “Weckmänner”, esos panes que se repartían a los niños. Cuando reuníamos suficiente tabaco, lo fumábamos con esas pipas hasta que nos sentíamos mal. (ríe)

Z: Creció en Krefeld y asistió a una escuela Waldorf, algo inusual en los años cincuenta.

RH: Fue casualidad. Niños y niñas en la misma clase; en esa época normalmente estaban estrictamente separados. Había asignaturas abiertas como pintura, dibujo, manualidades, costura y tejido, euritmia, juegos, representaciones, expresión oral y música.

Z: ¿También hizo música desde pequeño?

RH: Tomé clases de piano, pero la música que realmente me interesaba no podía aprenderla allí. Solo estaba en la radio o en discos, el pop, rock ‘n’ roll, jazz, rhythm and blues. Vivíamos en el sector británico y por eso podíamos escuchar BFBS, la emisora de radio. Como estudiante de intercambio sabía inglés y, en la medida de lo posible, anotaba las letras de las canciones que escuchaba en la radio. Así entré en ese mundo.

Z: ¿Cuál era su música favorita?

RH: Sobre todo rhythm and blues, por ejemplo, John Lee Hooker. Más tarde lo vi en vivo. La agencia Lippmann y Rau organizó a comienzos de los sesenta el American Folk Blues Festival y trajo a Europa a los músicos estadounidenses que sonaban en la radio.

Z: ¿Quiso ser músico profesional desde adolescente?

RH: No lo pensé. Durante mucho tiempo no tuve ninguna idea de profesión. Luego estudié arquitectura, incluso completé el pre diploma, pero mientras la música se volvía más importante, los estudios fueron quedando de lado.

Z: Su primera actuación fue en el Creamcheese, un club de Düsseldorf.

RH: El Creamcheese abrió en 1967 y para el aniversario de 1968 tocamos allí por primera vez. Florian Schneider y yo nos habíamos conocido antes en la academia de Remscheid; conectamos de inmediato e improvisábamos mucho juntos, eso siempre fue nuestra fortaleza.

Z: ¿Recuerda aquella actuación?

RH: Apenas. Había un estroboscopio encendido durante horas, como cada noche. La actuación fue bien recibida y desde entonces se empezó a hablar de nuestra música. Incluso ganamos algunos marcos alemanes esa noche, estuvo bien.

Z: El Creamcheese estaba muy ligado a la escena artística…

RH: Sí, al frente había una escultura de clavos de Günther Uecker, un mural de Gerhard Richter y una instalación con monitores de televisión en blanco y negro de Nam June Paik. A Joseph Beuys se lo veía por la noche en el casco antiguo jugando al futbolito (fútbol de mesa). Nosotros estábamos en la máquina de pinball. Sigmar Polke estaba allí, era amigo mío. Tenía ese humor trascendental, no evidente, más bien sutil. Eso me gustaba.

Z: Ese humor sutil también se percibe en Kraftwerk, cuando más tarde se reemplazaron en el escenario por robots.

RH: Para Florian y para mí era importante que el arte tuviera varios niveles. Nam June Paik hizo años después en Nueva York una enorme pared de video con nuestras figuras robóticas, con el video por computadora de nuestra canción Musique Nonstop.

Z: En 1981, la revista Elaste publicó una entrevista en la que el entrevistador se sorprendía, escribó algo asi: “En Tokio, Londres o América los conciertos de Kraftwerk se agotan con meses de anticipación. Aquí en Hannover hoy estaba medio vacío”. Usted respondió: “Tampoco lo entendemos del todo”. ¿Al principio no los entendieron en Alemania?

RH: Sí, pero el círculo era más pequeño; eso cambió después. Nuestra primera gira alemana en 1975, tras la gira estadounidense y después de que apareciera «Autobahn«…

Z: … su primer gran éxito…

RH: … la planificamos junto con Fritz Rau, el promotor de conciertos. Elegimos las ciudades y mandamos a imprimir los carteles. Luego la gira tuvo que cancelarse por falta de interés del público. Todavía conservo esos carteles.

Z: Muchas radios alemanas no ponían a Kraftwerk, aparentemente también por el nombre de la banda.

RH: El único que nos pasaba era Winfrid Trenkler, de la WDR, una leyenda de la música electrónica en Colonia. Apoyó a Kraftwerk y a la música electrónica desde el principio. También emitía nuestros temas más experimentales, mucho antes de «Autobahn».

Z: En los primeros años tocaban sobre todo en clubes y galerías.

RH: En sótanos de jazz, clubes juveniles y centros culturales en todo el Ruhr y en el casco antiguo de Düsseldorf. Fue importante Burkhard Hennen, de Moers, que nos invitaba a menudo a su “Röhre”. Más tarde fundó el Festival de Jazz de Moers.

También nos contrataban galerías y museos como la Kunsthalle de Düsseldorf y la Galería Hans Mayer en Krefeld. Hoy nos representa la galerista Monika Sprüth y la galería Sprüth Magers, que impulsó nuestros conciertos en el MoMA de Nueva York en 2012.

Z: En los primeros años incluso se dice que durante los conciertos ustedes mismos iban a la pista de baile.

RH: Fue en una performance en el Museo Abteiberg de Mönchengladbach, con el director Johannes Cladders. En 1970 tenía una drum machine conectada a mi órgano eléctrico, que podía tocar en vivo con pequeñas teclas o dejar correr con ritmos programados. La escena artística apoyó nuestros experimentos desde el principio; había un enorme espíritu de apertura entre 1968 y comienzos de los setenta.

Z: De pronto dejaron de dar conciertos en vivo.

RH: Desde comienzos de 1977, después de «Trans Europa Express«, no actuamos en vivo durante cuatro años. En 1978 salió «Die Mensch-Maschine«; esa música no podíamos tocarla en vivo. La tecnología solo funcionaba en el estudio. Desarrollamos entonces performances para televisión, como en Musikladen. Era playback, y nuestros robots eran maniquíes que colocábamos en la primera fila del público.

Z: Eso era arte performático.

RH Para Die Roboter escribí en 1978: “Cargamos nuestra batería / Ahora estamos llenos de energía / Estamos programados para todo / Y lo que tú quieras será ejecutado / Funcionamos automático / Ahora queremos bailar mecánico”. Y también lo hice en inglés.

Z: Mezclaron idiomas muy temprano, algo inusual en el pop.

RH: Lo aprendimos en la gira americana de mediados de los setenta. Hablo francés e inglés; en la escuela también estudié ruso: “Ja tvoi sluga / Ja tvoi rabotnik”.

Z: «Autobahn» fue un gran éxito en radios universitarias estadounidenses. ¿Es verdad que muchos creían que cantaban “Fun, fun, fun on the Autobahn”?

RH: Es posible. (sonríe) Nuestra línea no es una cita directa de los Beach Boys; es más bien poesía fonética. Pero para oídos estadounidenses suena parecido:“La calzada es una cinta gris / Líneas blancas, borde verde / Encendemos la radio / Del altavoz suena entonces / Conducir, conducir, conducir por la autopista”.

La grabación tenía que detenerse a los 20 minutos porque el vinilo se nos acababa. En vivo podía durar 40 minutos. «Autobahn» es música infinita.

Z: Su infancia y juventud tuvieron lugar en los primeros años de la joven República Federal. Se hablaba de la llamada “hora cero”, un término históricamente controvertido (nota de ProgJazz: Alemania partia de cero desde la derrota de la Segunda Guerra Mundial y el fin del régimen n). Pero para su música esa perspectiva fue decisiva, ya que se trataba de mirar hacia adelante, hacia el futuro.

RH: Sin duda. Naturalmente sabíamos de los emocionantes años veinte, y también sabíamos todo lo que había sido destruido en los doce años posteriores. Florian y yo crecimos ya como europeos; en los años cincuenta, durante las vacaciones de verano, participábamos constantemente en intercambios escolares con familias anfitrionas en Francia e Inglaterra.

Cuando tenía doce años, al principio solo podía hablar francés; aprendí a escribirlo recién después. También he escrito poesía en francés, Les Mannequins y todos los textos del álbum «Tour de France» (2003). Taschenrechner (Pocket Calculator) también la he cantado en inglés, francés, italiano, polaco, ruso y japonés. Para los conciertos aprendí los textos fonéticamente de memoria. Cuando éramos jóvenes, Florian y yo aprendimos a dar señales en favor del entendimiento entre los pueblos. Eso parece olvidarse a veces hoy en día.

Z: También su canción Trans Europa Express de 1977 habla de ello; es un homenaje a Europa.

RH: ¡Y realmente viajamos en ese tren! Nuestra discográfica francesa alquiló un vagón TEE para la presentación del álbum; con él viajamos de París a Reims, en la Champaña, a las bodegas de vino espumoso de allí. El viaje de regreso fue acorde a eso; hoy en día ya ni se puede imaginar. Aunque yo no bebo champán, probablemente tomé jugo de manzana.

Z: En 1977, con motivo del lanzamiento de Trans Europa Express, también estuvieron en Nueva York y fueron a los clubes…

RH: Una noche, Florian y yo estábamos en el famoso local Studio 54. Después, un empleado de nuestra discográfica nos llevó a un club after hour en el Bronx. Florian y yo estábamos en la pista de baile y, de repente, escuchamos cómo el DJ ponía Trans Europa Express y Metall auf Metall; eso sonó durante 15 a 20 minutos, mucho más tiempo que en nuestro disco. Mezclaba y hacía scratch con dos discos en dos tocadiscos. El DJ era Afrika Bambaataa.

Z: La hora cero del hip-hop.

RH: Luego todavía pasaron otros cinco años hasta que salió «Planet Rock» (1982).

Z: … que, como es sabido, se basa en Trans Europa Express y Numbers. Cinco años… que pasara tanto tiempo, hoy en dia es inimaginable.

RH: Hoy todo ocurre de inmediato. En esa época las cosas podían desarrollarse. Ahora hay tantas imágenes digitales que también las experiencias pasan a toda prisa.

Z: «Computerwelt» de 1981 predijo el mundo digital actual.

RH: Para nosotros eso ya era el presente.

Z: ¿Aunque aún no tenían computadora?

RH: Para la gira de 1981 tuvimos nuestro primer Atari. Pero antes ya veíamos los inicios. En esa época la policía trabajaba con búsquedas computarizadas.

Z: El BKA (Oficina Federal de Investigación Criminal de Alemania) trabajaba con ‘búsqueda por patrones’ (Rasterfahndung), que también se le llamaba ‘Comisario Computadora’. Eran los años de la RAF (Fracción del Ejército Rojo), el grupo terrorista de izquierda radical.

RH: Por las noches, cuando íbamos en nuestro automovil, a menudo la policía nos controlaba en Düsseldorf. “Buenas noches”, decía yo entonces, “soy músico, vengo del trabajo”. Entonces nos dejaban seguir.

Una vez también fueron al estudio Kling-Klang porque un vecino los había llamado, aunque lo teníamos todo bien aislado. En el departamento de Florian, fuerzas armadas llegaron incluso a trepar por la fachada a través del balcón. Primero hubo que calmar la situación: “Estamos haciendo música, componemos, dibujamos y escribimos textos”.

Z: ¿Cuándo comenzaron a usar computadoras para hacer música?

RH: En 1976 tenía un secuenciador analógico para controlar mi Minimoog, construido por amigos en Bonn. Siempre me interesó la música automatizada, la música que se toca sola. A veces dejábamos los loops sonando mientras íbamos por pizza. Al volver, el sonido había cambiado. Era muy creativo.

Muchas composiciones solo pudieron tocarse en vivo décadas después, cuando la tecnología alcanzó a la música.

Z: Usted alguna vez dijo el por qué Kraftwerk sigue todavía de gira: “Pero es que esa es mi vida”. ¿Es así aun?

Hütter: Así es. La música es un arte que se desarrolla con el tiempo. No se la puede colgar en la pared. Un canción no es una obra terminada como una escultura. La música nunca está terminada.

Z: En 1997 los vi en Tribal Gathering en Inglaterra.

RH: Hacía mucho frío, había escarcha. Toqué con guantes en la prueba de sonido.

Z: DJs como Juan Atkins y Jeff Mills querían verlos.

RH: Fue un honor.

Z: Esos dos músicos de Detroit son considerados cofundadores del techno y han contado muchas veces que Kraftwerk fue una influencia importante para ellos. Pero volvamos a hablar de Florian Schneider. Señor Kling y Señor Klang, así se llamaban ustedes durante mucho tiempo. A comienzos de 2007 él dejó Kraftwerk.

RH: Sí, a finales de 2006 Florian tocó por última vez con nosotros, en Zaragoza, en España. Y un día de 2007 sus instrumentos habían desaparecido de nuestro estudio. Los había recogido en secreto.

Z: ¿Sin explicación?

RH: Sin comentarios, sí. Se retiró de manera espontánea. Desde hacía un tiempo no se sentía bien de salud, y yo lo acepté.

Z: ¿Pero después de haber trabajado juntos durante 39 años, se fue sin decir una palabra?

RH: Naturalmente, en ese momento me habría gustado escuchar algunas palabras. Uno hace las cosas de una manera, otro de otra.

Z: Antes de su muerte en 2020 se reconciliaron.

RH: Sí. Eso fue importante. Me escribió y fui a verlo. Nos reconciliamos.

Z: ¿Qué se dice en un momento así?

RH: No mucho. Creamos Kraftwerk desde la nada. No hacen falta muchas palabras.

Z: Se dice que él deseaba que la noticia de su muerte fuera publicada por Kraftwerk, es decir, por usted.

RH: Si

Z: ¿Estuvieron cerca de terminar después de su salida?

RH: No. Ya estábamos construyendo el nuevo estudio Kling-Klang y contratados para Coachella 2008. Decidimos seguir.

Z: Que hasta hoy sigan de gira por todo el mundo, el año pasado también nuevamente por Alemania, ¿cree que eso contribuye a que Kraftwerk sigan presentes hoy?

RH: En cualquier caso, es algo poco común.

Z: ¿Y cuál es la razón?

RH: No hay buenas frases para eso. ¿Debería decir que no aprendí otra cosa? (ríe) Se ha dicho mucho absurdo sobre nosotros, por ejemplo que nuestros padres ricos nos regalaban sintetizadores.

Cuando en 1970 dejamos la universidad para fundar el estudio Kling-Klang, nuestros padres nos quitaron la mesada, que debe haber sido unos 200, 300 marcos alemanes. Nos financiamos con shows en pequeños clubes. Ahorré para comprar sintetizadores. Mi primer Minimoog me costó tanto como mi Volkswagen.

Z: ¿Cuándo entendieron sus padres lo que hacían?

RH: En 1981. Hubo un concierto en la Philipshalle de Düsseldorf, y pudieron llevar también a sus conocidos. Entonces estaban felices: “¡Miren, nuestro hijo!”. Lo mismo ocurrió con Florian, él debía convertirse en arquitecto y asumir el estudio de su padre. Pero nosotros vivíamos en un mundo completamente distinto. En los clubes y en la escena artística no nos encontramos con nadie que conociéramos del mundo burgués.

Z: Lleva casi sesenta años haciendo música. En 2014 recibió un Grammy por su trayectoria. ¿Cómo habría sido su vida sin Kraftwerk?

RH: ¡Aburrida!

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